1. No se prohíben alimentos
  2. No se imponen restricciones excesivas. Por tanto no tienen necesidad de perder el control con frecuencia y comer con voracidad
  3. No tienden a comer descontroladamente o darse atracones cuando están alterados. No tienen sentimientos de culpa por «saltarse la dieta», ni se auto-castigan con la comida. No están inmersos en la dinámica de «círculo vicioso» de los «dieters» o personas que hacen dieta.
  4. Comen atendiendo más a las sensaciones de hambre o saciedad que a las creencias sobre lo que “deben” o “no deben comer”
  5. Suelen comer despacio, masticando bien y saboreando. “Degustan” en lugar de “Devorar”
  6. No acostumbran a pesarse ni a pesar los alimentos
  7. No cuentan calorías
  8. No siguen en exceso los modelos de esbeltez impuestos por la publicidad
  9. Se aceptan a si mismos, con sus virtudes y sus defectos. Tienen más Autoestima y menos Insatisfacción corporal
  10. Tienen Pensamientos que promueven una conducta alimentaria equilibrada. Por ejemplo: “Comer alimentos nutricionalmente poco recomendables de vez en cuando no es ningún fracaso, siempre que sea de vez en cuando y no se convierta en un hábito”. Es más sano permitirnos licencias y degustar de vez en cuando alimentos que nos gustan aunque engorden o no sean los más adecuados , que auto-controlarnos en exceso para acabar perdiendo los nervios y devorando todo aquello que se encuentre a nuestro alcance.

        “Para tener equilibrio hay que perderlo de vez en cuando”